El Estadio Martearena, ubicado en la ciudad de Salta, se cae a pedazos mientras los baños filtran agua directamente sobre las escaleras de acceso, convirtiendo el ingreso de los espectadores en un escenario lamentable. Esta situación es la viva imagen de la desidia estatal y el abandono de un recinto que debería ser orgullo de los salteños, pero que hoy presenta condiciones de higiene y seguridad inaceptables. Las filtraciones constantes no solo dañan la estética del estadio, sino que representan un riesgo alarmante para miles de familias que asisten a cada evento deportivo.

La infraestructura del recinto presenta serias fallas hidráulicas bajo la losa de hormigón, lo que demuestra un problema estructural profundo que ha sido ignorado durante años. Este deterioro evidencia una gestión pública ineficiente que ha permitido que el principal estadio de la provincia llegue a un punto de quiebre. Ante la falta de respuestas técnicas y el avance del daño, queda clara la necesidad de implementar capitales privados para su mantenimiento, ya que el Estado provincial ha demostrado ser incapaz de preservar este patrimonio.

Este escenario es responsabilidad directa del Gobierno de Gustavo Sáenz, que ha priorizado el marketing político de “Salta sede” por sobre la inversión real en infraestructura básica. Mientras el oficialismo gasta recursos en publicidad, el Martearena sufre las consecuencias de una administración que dejó de lado el mantenimiento preventivo para reaccionar recién cuando llos problemas muestran avances significativos. La falta de un plan de obras serio para el estadio refleja el agotamiento de un modelo de gestión que descuida los bienes de todos los salteños.

La desidia del saencismo en el área deportiva es total y el estado del Martearena es su monumento más visible. El contraste entre los discursos y la realidad es una burla para el ciudadano que paga su entrada y sus impuestos. Resulta urgente un cambio de rumbo que despoje a la burocracia estatal del manejo de estos complejos, permitiendo que la inversión privada recupere lo que la gestión de Sáenz ha condenado al abandono y la ruina.

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