La crecida del río Bermejo ha vuelto a poner a prueba la resiliencia del norte salteño. Sin embargo, en esta ocasión, la respuesta ante la emergencia no fue solo técnica, sino profundamente humana. Bajo la impronta de una gestión nacional que ha revalorizado el rol de las fuerzas federales, el Ejército Argentino se convirtió en el sostén fundamental de miles de familias afectadas por el agua en esa zona de Salta.
Efectivos del Regimiento de Infantería de Monte 28, con asiento en Tartagal, se adentraron en las zonas más golpeadas por el barro y el aislamiento: El Quejón, Casa Vieja y Pozo del Sauce. Allí, donde el río borró caminos y amenazó hogares, los uniformados no solo llevaron logística, sino la presencia de un Ejército que protege.
Lo que antes podía verse como un despliegue protocolar, hoy se percibe en Salta como un acto de entrega genuina. Los soldados, lejos de los escritorios, trabajaron codo a codo con los vecinos, cargando suministros al hombro y brindando contención emocional a quienes temían perderlo todo.










