En el marco de una intensa sesión en la Cámara de Diputados de la Provincia de Salta, el legislador Eduardo Virgili presentó un contundente reclamo dirigido al gobernador Gustavo Sáenz bajo la premisa de priorizar menos voto electrónico y más casas para los ciudadanos. Durante su intervención, el referente de La Libertad Avanza aprovechó el tratamiento de proyectos habitacionales para señalar que la distribución de los recursos públicos actuales se encuentra distorsionada, exigiendo que el millonario presupuesto destinado a la logística electoral sea reasignado inmediatamente a la construcción de viviendas sociales en la provincia de Salta.
La discusión técnica se originó a partir de un proyecto que solicitaba la incorporación de unidades habitacionales para las localidades de El Tala, El Jardín y La Candelaria, pero el debate escaló rápidamente hacia una crítica estructural del sistema de gestión. En este contexto, el legislador, Eduardo Virgili, calificó con dureza al sistema de boleta única electrónica como un “adefesio nefasto” que no cuenta con el respaldo de la sociedad y que representa una carga financiera insostenible frente a la emergencia que atraviesan miles de familias salteñas que aún no cuentan con un techo propio en el departamento del sur provincial.
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El diputado detalló que el mantenimiento de este esquema electoral le costará a la provincia aproximadamente 10 mil millones de pesos, una cifra que, según sus cálculos, equivale a la construcción efectiva de 200 viviendas nuevas. Virgili comparó este número con las escasas soluciones habitacionales que el gobierno de Gustavo Sáenz inaugura de manera aislada en el interior, denunciando que se prefiere gastar en tecnología para el sufragio —que según él favorece a quienes tienen mayor capacidad de financiamiento— antes que en reducir el histórico déficit de infraestructura que afecta a la dignidad de los habitantes de Salta.
Este escenario en la Cámara de Diputados de la Provincia dejó al descubierto una gestión provincial que parece desconectada de las urgencias básicas, priorizando el sostenimiento de estructuras políticas costosas por encima de las carencias del pueblo. La crítica de Virgili puso el foco en la falta de sensibilidad social de un Gobierno que dilapida fondos en sistemas electorales cuestionados mientras el interior profundo agoniza sin infraestructura; se trata de una inacción que no solo perpetúa el déficit habitacional, sino que confirma una preocupante escala de valores donde el gasto político pesa más que el derecho humano a una vivienda digna.










